Roger Bartra Muria

Instituto de Investigaciones Sociales

Dos rasgos parecen caracterizar y dar unidad a la trayectoria intelectual de Roger Bartra: una interrogación acerca del poder y de los canales a través de los cuales éste se re- produce, y una preocupación por desentrañar los problemas políticos que marcan el presente y buscar alternativas de transformación. A partir de estas dos líneas de continuidad, Bartra ha incursionado en muy diversos temas por me- dio de nuevos enfoques en donde confluyen las humanidades y las ciencias sociales. Sus investigaciones iniciales sobre el mundo rural mexicano (Estructura agraria y clases sociales en México, 1974; Campesinado y poder político en México, 1982) se enlazaron a una reflexión sobre la democracia y los mecanismos ideológicos de la dominación política (Las redes imaginarias del poder político, 1981), y más tarde a una crítica de los estudios sobre la identidad del mexicano, entendidos como parte de estos mecanismos de dominación (La jaula de la melancolía, 1987). En este último libro se anuncian ya dos nuevos temas que Bartra desarrollará en los años de la década de 1990: una reflexión sobre el tema del salvaje europeo (El salvaje en el espejo, 1992; El salvaje artificial, 1997) y una investigación histórica y conceptual en torno al tema de la melancolía (El siglo de oro de la melancolía, 1998). En forma paralela, entre 1980 y 1990, publicó varios libros de ensayos de crítica política sobre el México contemporáneo (El reto de la izquierda, 1982; La democracia ausente, 1986 y 2000; Oficio mexicano, 1993; La sangre y la tinta, 1999). Como una derivación de la investigación sobre la melancolía, en la actualidad se interesa en los estudios neurológicos sobre el cerebro humano.

El tránsito por estos temas ha implicado no sólo una transformación de sus objetos de estudio sino también una redefinición de los enfoques utilizados para acercarse a ellos. Así, de un marxismo inicial pasó a enfoques más abiertos, en ruptura con las fronteras establecidas entre la historia, la filosofía, el estudio de las mentalidades, la sociología política y las ciencias naturales. Estos nuevos enfoques no presuponían ni un esquema fijo de comprensión de la realidad ni la existencia de verdades absolutas. La lectura de otros autores, así como diversas experiencias políticas y de vida ejercieron, según el propio Bartra, una influencia importante sobre él en este tránsito.

Sus estudios iniciales acerca del campesinado estuvieron marcados por la lectura de la obra de Marx, fundamentalmente El Capital, así como por la de Lewis H. Morgan y de Federico Engels sobre las sociedades antiguas. La aparición de un segundo núcleo temático dentro de su trayectoria, el de la democracia, se explica a partir de varios acontecimientos que lo llevaron a cuestionar el esquema marxista inicial: una experiencia política en Venezuela en donde descubrió que la democracia y el subdesarrollo no eran incompatibles; la crisis de la primavera de Praga abortada por la invasión soviética; finalmente, una estancia de estudio en París en donde recibió la influencia del eurocomunismo, sobretodo a través de Berlinguer. Fue en París en donde escribió el libro Las redes imaginarias. A su regreso a México formuló un tercer tema de estudio, el de la identidad nacional mexicana, a la luz de sus lecturas de literatura mexicana y en particular de las obras de Fuentes y Paz. Recuerda haber tenido en aquel momento el “sentimiento de ser un exiliado en su propio país”; eran los años en los que el partido de Estado se perpetuaba en el poder y en que no era evidente desde dónde podía producirse una transformación.

Cuando reflexionaba en torno a esta transformación y elaboraba una crítica al sistema político mexicano a través del análisis de las ex- presiones culturales del nacionalismo, durante una estancia en la Universidad de Wisconsin hizo una serie de lecturas de historia medieval que lo llevaron a emprender una investigación acerca del mito del salvaje. Casi en paralelo comenzó a desarrollar otra investigación histórica y conceptual en torno al tema de la melancolía, que se había ya anunciado en los estudios sobre la identidad del mexicano, impulsada por la lectura de un libro que le entusiasmó, la Anatomía de la melancolía de Burton. Finalmente, su interés reciente por la neurología es una extensión de las investigaciones sobre la melancolía, y estuvo animado por su amistad con Simón Brailowski.

La pregunta que surge al examinar esta trayectoria es la de cómo entender el desarrollo de esta crítica al poder y a sus mecanismos de re- producción (las “estructuras de mediación”, las “redes”) en un contexto intelectual que en los años de la década de 1980 se encontraba todavía encerrado en esquemas de comprensión y métodos de análisis caracterizados por su rigidez. Una primera respuesta a esta pregunta es que Bartra fue capaz de alternar e interconectar su crítica al sistema político mexicano, centrada en las manifestaciones culturales del nacionalismo, a la investigación en torno a temas histórico-filosóficos aparentemente alejados del debate político inmediato como la arqueología del salvaje y de la melancolía. La posibilidad de transitar entre estos dos espacios hizo posible evitar los peligros de la especialización y desarrollar un pensamiento innovador. Otro elemento a considerar es que Bartra buscó tender puentes entre el ámbito universitario y la vida cultural del país (como director de La Jornada Semanal, como guionista de la película Etnocidio: notas sobre el Mesquital o como promotor de teatro), así como hacia el extranjero (como profesor y conferencista invitado a diversas universidades sobretodo norteamericanas). Esto le llevó a desarrollar una sensibilidad frente a otras percepciones de la realidad (periodísticas, escénicas, literarias, plásticas), y a introducir una dimensión lúdica dentro de su reflexión, manifiesta, por ejemplo, en la figura del ajolote vista como emblema del tránsito fallido (metamorfosis) del mexicano hacia la modernidad.

La libertad, el sentido crítico y autocrítico, así como la ausencia de vínculos perversos con el poder, en contraste con muchos de sus contemporáneos que durante la segunda mitad del siglo XX se convirtieron en intelectuales orgánicos al servicio del Estado, son elementos que se inscriben en una historia familiar. Su padre fue un poeta que llegó a México como exiliado durante el franquismo, que cultivó a la vez la independencia y la crítica tanto en el ámbito intelectual como en el político. En este mismo espíritu, Roger Bartra ha sabido aprovechar el espacio que la Universidad abre a la elaboración y a la transmisión de un pensamiento creativo y libre. Su emeritazgo confirma que la inteligencia, la curiosidad y el espíritu crítico siguen siendo los valores a desarrollar por las nuevas generaciones.

Beatriz Urías Horcasitas


Referencia

Nuestros Eméritos. México D.F. Dirección General de Asuntos del Personal Académico, UNAM, 2007, p.p. 379-382.

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