Jorge Carpizo MacGregor

Instituto de Investigaciones Jurídicas

La historia como un proceso ciego, necesario y mecánico, es tan falaz como paradójica- mente lo muestra la misma historia de los grandes hombres.

En forma constante la historia nos muestra cómo en múltiples ocasiones, un solo hombre, realiza el “suceso trascendental” y se convierte en el verdadero artífice del acontecimiento capital: “No fue un ejército que cruzó los Alpes, fue Aníbal”.

Tener el atrevimiento de esbozar, así sea una muy breve, brevísima semblanza del doctor Jorge Carpizo, es obviamente una temeridad, una franca osadía, que única- mente puede atemperarse en algo, y digo bien solamente atemperar, por la inmensa admiración, respeto y gran efecto que se le profesa.

Muy lejos de ese estilo grandilocuente, tan apreciado por el gremio de la abogacía, Jorge Carpizo llegaba a su cátedra de derecho constitucional con la puntualidad que siempre le caracterizaba.

Después de pasar lista, preguntaba al azar la clase del día anterior, o de hacía tres días, o de una semana atrás; nunca había forma de adivinar.

Su clase era —sigue siendo— de una gran erudición y compleja en muchos de sus puntos, y sin embargo, él abordaba los más intrincados temas en forma amena, agradable y didáctica.

Cuando percibía que alguno de sus alumnos presentaba alguna seña de lasitud —nótese que en aquellos años sólo se le asignaba un salón en el turno vespertino— por la fatiga del día, pronto sacaba, cual mago de la chistera, alguna anécdota sobre la revolución mexicana, o sobre algún aspecto de la vida pública del país, y de inmediato estábamos encarrilados para seguir el curso de su cátedra: los principios de soberanía y de inviolabilidad constitucional; el concepto del poder constituyente; el procedimiento de las reformas a la constitución; las formas de Estado y de gobierno, etcétera.

Nunca, pero nunca, se abandonaba a la consabida rutina de repetir lo ya dicho por otros autores o pseudo-especialistas de la materia. Muy por el contrario, día con día, criticaba, profundizaba y analizaba, en debate con sus alumnos, todas aquellas tesis, doctrinas y conceptos jurídicos fundamentales.

Jorge Carpizo es considerado, hoy en día, como el mejor y más grande constitucionalista que tiene México. Desde su tan conocido y estudiado libro: La Constitución mexicana de 1917, pasando por el ya famoso El presidencialismo mexicano, hasta sus Estudios constitucionales, y los Nuevos estudios constitucionales, son evidencia palpable y prueba plena, del por qué ocupa el lugar primero, en esta trascendente y compleja disciplina jurídica, y por qué no decirlo, tan llena de falsos estudiosos y pseudo constitucionalistas, que por si fuera poco, conforme pasan los días se multiplican de manera abrumadora.

En un brillante ensayo, de hace unos cinco años, en relación con la constitución y el derecho a la información, Jorge Carpizo, considera que después de varios fallidos intentos por dotar de una normativa al derecho a la información, parecería que, por lo pronto, aquello que resultaría más realista, estribaría en ir legislando “(...) poco a poco sobre aquellos aspectos en los cuales los jueces apliquen e interpreten las normas respectivas y sobre aquellos otros aspectos en los cuales se va alcanzando consenso (...)”, para advertir líneas después, “Lo único inadmisible es el dejar hacer, dejar pasar, la parálisis jurídica, el desprecio a la protección de los derechos humanos (...) Hay que saber defender el régimen democrático y los derechos, libertades y garantías que el mismo presupone y protege”. Dicho esto, toda glosa sale sobrando.

Como director del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Jorge Carpizo, fiel discípulo del eminente jurista y entrañable maestro, doctor Héctor Fix Zamudio, toma sus enseñanzas de base, las interioriza, y no sólo va adaptando el instituto a las nuevas realidades, sino con mente visionaria, moldea el futuro del mismo, de tal suerte que sus insignes sucesores, irán de una forma u otra, conservando las directrices fundamentales y transitando por los cauces y derroteros ya abiertos por Jorge Carpizo.

En su paso al frente del instituto, Jorge Carpizo emprende labores monumentales, en forma y fondo, y así por vez primera se va a coordinar la edición crítica de la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, comentada, a la par del importantísimo Diccionario jurídico mexicano, obras ambas, que muy pronto se convertirían de imperativa consulta y asesoría para alumnos, profesores, investigadores y aboga- dos postulantes.

Prueba inequívoca de su alta inteligencia y claridad de pensamiento, de su gran compromiso y total entrega por las mejores causas, será su designación a la Rectoría de nuestra Universidad.

En su discurso de toma de posesión al cargo de Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Jorge Carpizo sostuvo: “(...) La Universidad no puede ser sólo crítica, sino ha de ser fundamentalmente propositiva; ha de ofrecer soluciones y plantear alternativas para superar los problemas nacionales. Tiene que ser una Universidad preocupada por la sociedad, capaz de entenderla e impulsarla (...). La Universidad debe estar libre de todo dogmatismo y libre de toda hegemonía ideológica” (2-01-1985).

El proyecto académico del rector Jorge Carpizo, fue expresado a lo largo de su rectorado, una y otra vez, con profundidad, sencillez y valentía: “El proyecto académico que hoy planteamos implica, desde luego, una visión de la Universidad; persigue sencillamente que los estudiantes realmente estudien, que los profesores realmente enseñen y que los investigadores realmente investiguen” (11-09-1986).

Por breve que sea esta semblanza no podemos dejar de destacar una de las vertientes académicas más valiosas de Jorge Carpizo, esto es, su defensa, estudio y compromiso con la protección de los derechos humanos.

Estando convencido Jorge Carpizo de la universalidad e imperatividad de los derechos fundamentales del hombre en tanto derechos intrínsecos a la dignidad humana, Jorge Carpizo será, nada más ni nada menos, que el creador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y el ombudsman fundador de la misma.

Durante su muy brillante y valiente gestión al frente de la CNDH, Jorge Carpizo no escatimaría esfuerzo alguno en la defensa y difusión de los derechos civiles y políticos, económicos y sociales, como un todo indivisible e interdependiente, declarando en una forma u otra, y una y mil veces, que el subdesarrollo de un país no debe ser nunca invocado como una especie de excusa absolutoria, a la violación de los mismos.

De entre las numerosas distinciones que ha recibido, mencionemos solamente: el doctorado honoris causa de la Universidad de Tel- Aviv; de la Western California School of Law; de la Complutense de Madrid y de la Universidad de Calgary, Canadá. Igualmente, Jorge Carpizo es miembro asociado de L’Académie Internationale de Droit Com- paré, miembro de la Société de Législation Comparée de Francia, entre muchas otras. Jorge Carpizo es por lo demás, presidente del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional.

Menos secreto sin duda, que discreto por respeto al otro, Jorge Carpizo conjuga una profunda generosidad y ejemplar rectitud, que lo lleva primero a comprender y valorar, antes de emitir juicio alguno. De aquí nace esa gran autoridad, sin ostentación, privilegio natural de la sabiduría, siempre templada, con constante elegancia e hidalguía.

Alonso Gómez-Robledo V.


Referencia

Nuestros Eméritos. México D.F. Dirección General de Asuntos del Personal Académico, UNAM, 2007, p.p. 471-474.