Mtra. Luisa Josefina Hernández Lavalle

Creación artística y extensión de la cultura

Luisa Josefina Hernández Lavalle ingresó en 1946 a la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde realizó sus estudios de licenciatura en Letras Inglesas y Teatro y, posteriormente, de maestría en Letras, con especialidad en Arte Dramático. Fue becada por la Fundación Rockefeller para tomar cursos con Erick Russel Bentley en la Universidad de Columbia en 1955. Concluyó sus estudios en el doctorado de Historia del Arte Medieval, con especialidad en Iconografía Cristiana, en 1972. Fue designada Profesora Emérita de la UNAM en 1990, siendo una de las primeras mujeres en recibir este importante reconocimiento.

Es una escritora con una fructífera y multifacética trayectoria de más de 60 años. Su trabajo literario ha abarcado teatro, novela, poesía, prosa, cuento, ensayo y traducción. También ha practicado la crítica teatral y literaria y, muy notablemente, la docencia. Ha sido profesora adscrita a la FFyL en las asignaturas de Crítica dramática, Teatro moderno y contemporáneo, Teoría de la novela, y en el Seminario de teoría y composición dramática, el cual impartió durante 40 años.

En 1966, siendo jefa del Departamento de Literatura Dramática y Teatro, participó con Guillermina Bravo en la creación del Laboratorio de Teoría y Composición Dramática, donde también colaboró como docente e investigadora teatral, y donde, además de continuar con el detallado análisis de los textos dramáticos realizado por el maestro Fernando Wagner, buscó la traslación de lo dramático a las áreas de lo escénico. Inició, a su vez, el Laboratorio de Actuación en Trance en 1971, con Héctor Mendoza Franco, en el cual ponían en práctica su manera de asimilar las teorías de Grotowski.

En la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), fue docente de las asignaturas de Literatura dramática mexicana y Crítica dramática. En el extranjero, de 1964 a 1965, impartió clases en el Seminario de Dramaturgia de la Habana, donde además fue directora; y de 1983 a 1984, con la Beca Fulbrigth, enseñó Literatura en la Universidad de Colorado, Estados Unidos.

Sus clases constituyeron la fuente más destacada de la teoría dramática en México. Al despertar la vocación docente en muchos de sus alumnos, su legado se ha extendido hasta la actualidad tanto en la FFyL, como en el Centro Universitario de Teatro, la ENAT del INBA, y la Universidad Veracruzana, entre otras escuelas de formación teatral. Asimismo, gran parte de sus alumnos ha encontrado su lugar dentro del arte teatral como actores, directores, críticos e investigadores.

Su obra comprende más de 60 textos dramáticos y 27 novelas, además de poesía, prosa, cuento, ensayo y sus traducciones del francés, inglés, alemán e italiano, entre las que destacan autores como Shakespeare, Brecht, Anouilh, Chéjov, Dylan Thomas y Joseph Campbell. También ha colaborado en revistas como América, La Palabra y el Hombre, Universidad de México y Tramoya. Sus piezas han captado el interés de las editoriales internacionales especializadas en teatro, siendo traducidas al inglés, italiano, checo, polaco, holandés, alemán y ruso. Otras de sus obras han sido montadas con gran éxito en Estados Unidos y en diversos países de América Latina, Europa y Asia.

Introdujo aspectos totalmente originales en la teoría dramática. Algunas de sus aportaciones fundamentales son términos como: concepción anecdótica, temática (formal y lógica), la oposición de valores y el material posible, no probable; el postulado de que bajo el tratamiento fársico se encuentra siempre otro género subyacente, por lo que se puede hablar, por ejemplo, de farsa trágica, farsa cómica y farsa melodramática; además de la definición de un nuevo género a partir del análisis de la obra El jardín de los cerezos.

Su trabajo ha merecido numerosos reconocimientos y premios, como el Premio del Concurso de Primavera de 1951 por Aguardiente de caña; el Premio de Periodismo de El Nacional 1953 por Botica Modelo; el Premio del Festival Dramático de Bellas Artes 1957 por Los frutos caídos; el Premio de Bellas Artes en el Concurso de Grupos de Provincia por Los huéspedes reales en 1958; el Premio Magda Donato por Nostalgia de Troya en 1971; el Premio Xavier Villaurrutia por su novela Apocalipsis cum fíguris; el nombramiento como Profesora Emérita de la UNAM en 1990; el Premio Nacional Juan Ruiz de Alarcón en 2000; el Premio Mi vida en el Teatro (International Team for Implantology-México/Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura), en ese mismo año; el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Lingüística y literatura en 2002; la Medalla de Oro del Instituto Nacional de Bellas Artes en 2006; así como el Homenaje de la FFyL de la UNAM por sus 80 años de antigüedad en 2008.

La retroalimentación entre su carrera docente y su trabajo simultáneo en la escritura, demostrando talento y dominio técnico, ha dado como resultado constante una evolución profesional que beneficia al arte teatral y literario del país, puesto que ha abierto brecha a los dramaturgos en la experimentación de recursos estilísticos, temáticos, estructurales y de género dramático.

En 1960, comisionada por la Secretaría de Educación Pública, profundizó en los orígenes de la inequidad e injusticia de la sociedad contemporánea, como se señala en Latin American women writers, proyecto para el que escribió una trilogía de obras didácticas en las que se manifiesta su proximidad con el teatro brechtiano. La trilogía, llamada Los tres nacimientos de México (1966), aborda hechos históricos, valores, conceptos, símbolos y mitos en los que se apoya la construcción de la identidad de los mexicanos. Es también considerada precursora del teatro del absurdo en sus textos Los duendes y Arpas blancas, conejos dorados, así como del teatro expresionista sacramental con sus obras Auto del divino preso y Danza del urogallo múltiple.

Entre los directores que han montado sus obras destacan, en su primera etapa, Seki Sano, Celestino Gorostiza, Fernando Wagner, Xavier Rojas y Héctor Mendoza; posteriormente, Alejandro Bichir y, en los últimos años, Fernando Martínez Monroy, Margarita Sanz, Gerardo Trejoluna, lgnacio Escárcega, Rosenda Monteros, Gilberto Guerrero, Emma Dib y José Caballero. Este último llevó a cabo, en 2014, la puesta en escena de seis obras pertenecientes a la saga Los grandes muertos, proyecto que realizó en conjunto con la Compañía Nacional de Teatro y la Dirección de Teatro de la UNAM.

Por todo lo anterior, la maestra Luisa Josefina Hernández Lavalle es indiscutible merecedora del Premio Universidad Nacional 2016, en el campo de Creación artística y extensión de la cultura.