Dr. Ignacio Alejandro del Río Chávez

Investigación en humanidades

Un hecho aparentemente fortuito fue definitivo en la vida del doctor Ignacio Alejandro del Río. Su primer trabajo como investigador en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (IIB-UNAM) consistió en catalogar el Archivo Franciscano, una tarea monumental, a la medida de sus ansias por aprender. El joven Del Río –tenía 32 años cuando empezó esta tarea– se sintió sorprendido y seducido por la muy variada información que le permitió conocer una parte de la historia del México colonial de la que poco se hablaba en las cátedras universitarias. Desde entonces, según él mismo lo ha declarado y se puede constatar por su obra escrita, definió lo que sería su principal campo de interés como investigador: la historia del vasto norte de México.

Ignacio Alejandro del Río Chávez es investigador de la UNAM desde 1969, cuando empezó sus actividades en el IIB, al cual estuvo adscrito hasta 1971, para después incorporarse al Instituto de Investigaciones Históricas. Actualmente, tiene la categoría de investigador titular C y, además, es profesor de asignatura en la Facultad de Filosofía y Letras, donde ha impartido materias a nivel de licenciatura, como: Nueva España: las provincias internas y Nueva España, historia socioeconómica, y en el posgrado, en donde ha tenido a su cargo materias como: Historia económica moderna de México y el Seminario de historia regional.

Este académico, hoy galardonado, estudió la licenciatura en historia, la maestría en historia de México y el doctorado en historia en la UNAM, obteniendo menciones honoríficas en el examen profesional y en los de grado. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, en el que tiene el nivel de investigador nacional III.

En una ocasión el historiador dijo: “...una investigación sólo puede ser en algún grado valedera si se realiza con plena honestidad intelectual. Se trata de no engañarnos a nosotros mismos por pura soberbia ni mucho menos incurrir en falsía tratando de engañar a los demás. El error o la insuficiencia no son moralmente reprobables; lo es, en cambio, la simulación, que, obviamente, jamás podrá ser una vía para enriquecer el conocimiento. La honestidad pide también ser congruentes con nuestras más altas responsabilidades sociales: ser profesionales de la investigación nos obliga a no quedarnos cortos en el esfuerzo, a emplear al máximo nuestras mejores capacidades...”

La honestidad, pues, como apego a la verdad, como congruencia y como compromiso social; el rechazo a la simulación, al engaño y a la soberbia son, entonces, los principios en los que Del Río Chávez ha basado todo su trabajo. Por ello quizá también su visión plural y unitaria de la historia de México, la que –afirma– no pocas veces se examina desde una perspectiva centralista, que ignora la diversidad de los procesos formativos regionales y que supone que todo lo sucedido fuera del núcleo central del país carece de entidad propia.

El doctor Del Río Chávez, que ha sido constante y entusiasta cultivador y promotor de la historia regional, entendida ésta como una mera opción metodológica, ha insistido en muchos de sus trabajos de investigación y en su cátedra acerca de que si no se consideran de algún modo los procesos formativos regionales, tanto en su diversidad como en sus interrelaciones, no es posible la comprensión de la dinámica histórica del país entero. Es de aclararse, sin embargo, que, según él mismo dice, se ha mantenido en lo conceptual tan lejos de los investigadores que se tienen por hacedores de una historia nacional supuestamente definida por puras homogeneidades y paralelismos, como de los que suelen romper sus lanzas por una historia regional que, dice él, más bien podría merecer el nombre de historia insular.

La obra de Ignacio Alejandro del Río –las tesis que ha dirigido, sus libros, sus artículos y ponencias, su experiencia como docente en instituciones de enseñanza superior– está dedicada a estudiar la historia del norte de México y, más particularmente, la del noroeste del país, tanto en la época colonial como en la primera mitad del siglo XIX. A esta temática se ha referido en buena parte de los cursos que ha impartido tanto en la UNAM como en las universidades de los estados de Querétaro, Tamaulipas, Sinaloa, Sonora y Baja California.

Sus libros, escritos en autoría o en coautoría, se refieren también al área de su especialidad. Algunos de ellos son: A la diestra mano de las Indias. Descubrimiento y ocupación colonial de la Baja California; Conquista y aculturación de la California jesuítica; Tres siglos de historia sonorense; Vertientes regionales de México; La aplicación regional de las reformas borbónicas, y El régimen jesuítico de la Antigua California. Es autor, además, de varios libros de texto, preparados junto con otros investigadores universitarios.

Al trabajo de docencia e investigación de que hemos venido haciendo mención deben sumarse algunas ocupaciones administrativas, como son la de jefe del Archivo Histórico de la UNAM (1965), secretario ejecutivo de la Comisión de Historia del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, organismo especializado de la Organización de Estados Americanos (1965-1967) y secretario académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM (1975-1976).