Arq. José Antonio Attolini Lack

Arquitectura y diseño

Pasión es el término que define la obra y la vida de Antonio Attolini. Término entendido como la emoción intensa y continua que determina y orienta la conducta. Término que denota la intensidad, fuerza y vehemencia con que se actúa y se expresa lo más hondo del ser.

Es difícil, dicen quienes lo conocen e intentan describirlo, deslindar al académico y al profesionista de la persona. Porque cuando se trata de distinguir, de situar o establecer distancia para examinar aisladamente la condición de independencia de que gozan estos referentes, encuentran que tanto su actividad docente como su desarrollo profesional están cimentados en las cualidades y los intereses peculiares de una profunda vida interior.

En retrospectiva, la obra de Antonio Attolini denota el pausado caminar hacia la adquisición plena de habilidades, destrezas y experiencias; anuncia la gradual evolución de las ideas y procedimientos; representa el desempeño característico y singular que la distingue aun dentro de la tendencia de la que forma parte: la arquitectura mexicana moderna, concretamente la llamada arquitectura emocional.

Su producción arquitectónica goza de un amplio prestigio y una categoría reconocida dentro y fuera del país, impregnada como está de la característica honestidad intelectual que posee, ha adquirido el estatus inmobiliario de Obra de Autor cuyo sello personal ha dejado huella en la historia de la arquitectura y el diseño en México. Quizá la impresión más profunda, la que impacta más, es la sensación que deviene de una preocupación que él mismo manifiesta, una preocupación central: emplear lo que crea para mejorar el nivel de vida del hombre y ofrecerle un medio propicio para su desarrollo. Concretamente el del usuario quien –dice– “demanda soluciones particulares en un cierto terreno y con una cantidad de dinero determinado”.

Las edificaciones proyectadas y realizadas por Antonio Attolini abarcan diferentes géneros: casa habitación; construcciones religiosas y oficinas-comercios. Todas ellas muestran el gran conocimiento que posee de los procesos constructivos y el fervor que pone en su desarrollo.

La de Attolini es una arquitectura de ambientes exteriores e interiores resueltos con base en el uso de materiales tradicionales, sencillos. Arquitectura cromática que busca la fuerza del contraste y utiliza la luz como elemento plástico, como componente simbólico en la apreciación de los conjuntos y se apoya en la disposición de espejos de agua, celosías, ventanas y tragaluces. Están cuidadas hasta en sus más finos detalles. El diseño de rejas, puertas, picaportes, lámparas, mobiliario exterior e interior, son también producto de su creatividad y complementan la calidad de sus espacios.

Durante mucho tiempo ha formado a un importante grupo de trabajadores y artesanos de la construcción y juntos han aprendido a buscar el gusto por la perfección y el encuentro con la dignidad personal a través del oficio. Y es así y es aquí donde se involucra y prolonga este otro referente constitutivo de su personalidad: la academia. Antonio Attolini sustentó el examen profesional el 14 de diciembre de 1955 con la presentación de la tesis: Panteón vertical en la Ciudad de México por el que recibió la mención honorífica.

A partir de ese año y hasta la fecha es profesor titular del taller de diseño en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Durante 50 años la enseñanza del arquitecto-profesor ha sido fundamentalmente dinámica. Se basa en la premisa “aprender haciendo” dentro de un esquema de tipo maestro-aprendíz que demanda tiempo, dedicación, interés y requiere de cuidados y conocimientos artesanales, pero abarca de lleno el oficio.

Por el taller del maestro Attolini han transitado numerosas generaciones de jóvenes, ahí también comparte sus conocimientos y experiencias con profesores invitados a colaborar en la formación práctica de sus discípulos. El taller de este Arquitecto ha forjado “escuela” porque es un laboratorio, un centro activo de concepción creativa y de discusión práctica, que se extiende hasta la obra en construcción convirtiendo así, su trabajo profesional en texto abierto.

El hecho de que su trabajo haya trascendido, incluso, más allá de nuestras fronteras, da cuenta de su contribución a la difusión del conocimiento sobre la arquitectura y el diseño. El corpus de la obra de Antonio Attolini se encuentra citado en multitud de libros y revistas especializadas en donde la crítica de reconocidos especialistas ha condicionado su propuesta como una referencia obligada en el desarrollo de la arquitectura habitacional y religiosa de México en el siglo XX.

Esta sólida personalidad, fraguada a través de una intensa experiencia profesional y docente, ha sido galardonada en 1961 con el primer premio Casa-habitación, con la medalla de plata en la 1ª Bienal de Arquitectura Mexicana organizada en junio de 1990 por la Sociedad de Arquitectos de México, dos años después, con la medalla de oro en la 2ª Bienal de Arquitectura Mexicana por el comedor de ejecutivos de Bardahl y, recientemente, en el año 2002 con el Premio Nacional de Arquitectura que otorga la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana y reconocida, en numerosas ocasiones, por su destacado desempeño académico tanto por la Facultad de Arquitectura de la UNAM, como por otras universidades.

La Facultad de Arquitectura se congratula de ver en uno de sus egresados al depositario de una de las más prestigiadas distinciones con las que la Universidad Nacional Autónoma de México lo reconoce y, al mismo tiempo, le agradece su contribución al enaltecimiento de nuestra Alma Mater.