Dr. Ruy Pérez Tamayo

Investigación en ciencias naturales

Resumir la trayectoria del doctor Ruy Pérez Tamayo en tan poco espacio es una tarea injusta, y hacerlo sin omitir detalles parece imposible. De todos sus logros, experiencias y conocimientos, se infiere una vida intensa; un trabajo académico y científico brillante; y, sobre todo, un espíritu libre, abierto, inconforme e inquieto. ¿Cómo hacer la descripción de una ruta de vida y profesional notablemente sobresaliente? Ruy Pérez Tamayo es, simplemente, uno de los médicos más destacados de México.

Formado en una familia tradicional yucateca –aunque él nació en Tampico, Tamaulipas–, el joven Ruy estudió medicina a finales de la década de 1940 en la antigua Escuela de Santo Domingo, de la Universidad Nacional Autónoma de México Ahí, el encuentro con uno de sus maestros fue crucial en su vida, por Isaac Costero se interesó en la patología –el estudio de los mecanismos de la enfermedad.

Profesor, investigador, escritor y médico de médicos, Ruy Pérez Tamayo se graduó en 1950 y, a partir de ese año, comenzó una carrera que lo ha llevado a ser guía de innumerables generaciones de colegas.

Alumno ejemplar, este Investigador Emérito del Sistema Nacional de Investigadores con Cátedra Patrimonial de Excelencia obtuvo, al segundo año de cursar la carrera de medicina, la beca de anatomía patológica en el Instituto Nacional de Cardiología, en donde fue investigador asociado de 1949 a 1950. En este último año, inició estudios de posgrado en patología, en la Universidad de Washington en San Luis Missouri, Estados Unidos, gracias a una beca de la Fundación WK Kellogg.

Dos años después de haber regresado a México, en 1954, fue nombrado profesor titular de tiempo completo de anatomía patológica en la Facultad de Medicina de la UNAM. El joven profesor –a quien llamaban el niño catedrático por su apariencia que denotaba menos edad de la que realmente tenía– creó, junto con dos maestros más, las bases para los efímeros “grupos piloto”. En el Hospital General de México, también en el mismo año, fundó la Unidad de Patología, lugar desde el cual “...la patología mexicana daría, en escasos 14 años, un salto cuántico de patología tradicional meramente descriptiva, a patología moderna, de mecanismos y estrictas correlaciones anatomoclínicas”, señala en un escrito Roberto Kretschmer, ya fallecido y quien fuera jefe de la División de Inmunología del Departamento de Investigación del Centro Médico del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Ruy Pérez Tamayo fue director de la Unidad de Patología de la Facultad de Medicina hasta 1967, donde combinó los servicios hospitalarios con la docencia y la investigación. Ese año fue nombrado jefe del Departamento de Biología Celular del Instituto de Investigaciones Biomédicas, y en 1974 se incorporó al Instituto Nacional de la Nutrición como jefe del Departamento de Patología. En 1984, fue designado jefe de la División de Medicina Experimental de la Facultad de Medicina –hoy Departamento de Medicina Experimental con sede en el Hospital General de México–, puesto que combina, hasta hoy, con sus actividades docentes.

Con 52 años como profesor de la Facultad de Medicina –actualmente es Emérito– ha centrado sus investigaciones en diversos aspectos de la patología, que lo han llevado a hacer importantes aportes, entre los que destacan la descripción del efecto de la metionina en la cicatrización de las heridas y, por primera vez en México, de enfermedades como la mesotelioma pleural, la amibiasis cutánea, la criptococosis, el enfisema broquiolar y la mesotelioma peritoneal.

El también miembro del Colegio Nacional, del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República, de la Academia Mexicana de la Lengua y de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico identificó, a partir de sus investigaciones, las características que presentan en México padecimientos como la aterosclerosis, los tumores del corazón y pericardio, el carcinoma primario del hígado, la tuberculosis, la cirrosis intersticial difusa y el carcinoma bronquiolo-alveolar. Destacan, también, sus contribuciones a los mecanismos humorales del hiperesplenismo, la reabsorción de la colágena, el papel de las células y los anticuerpos en el rechazo de aloinjertos, y las diferencias antigénicas entre macrófagos en mamíferos.

La gran trayectoria de Ruy Pérez Tamayo –doctor en inmunología por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional– ha sido reconocida también en el exterior. Uno de sus libros, Mechanisms of Disease, publicado en 1961, es uno de los dos únicos textos médicos escritos en Latinoamérica que forman parte de la bibliografía para los estudiantes de medicina en Estados Unidos.

Profesor visitante en numerosas universidades extranjeras, tiene una obra editorial profusa: ha escrito 17 libros y más de 150 artículos científicos en revistas especializadas internacionales y nacionales; además de 88 para simposios, seminarios y congresos.

El doctor Pérez Tamayo ha sido un hombre inquieto y con una mente abierta que no se restringe a la medicina. Por ello, este ex becario de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, ha incursionado en otros ámbitos ajenos a la patología. Es autor de 42 libros y de mil 67 artículos de divulgación científico-filosóficos, así como del género literario.

Ha sido galardonado con innumerables premios, como el Reconocimiento a la Trayectoria Profesional en la Investigación Científica en Salud; el Premio Nacional de Ciencias, así como los premios “Aída Weiss”, “Miguel Otero” y “Luis Elizondo”, entre otros. Es además, Doctor Honoris Causa de las universidades de Yucatán, Puebla y Colima.

Con una trayectoria marcada por sus atributos intelectuales, Ruy Pérez Tamayo es un hombre universal.