Raúl Carrancá y Rivas

Facultad de Derecho

Nació el 6 de septiembre de 1930 en la Colonia Del Valle del Distrito Federal en el seno de un hogar que veneró por igual a México y a España; una familia que vivió siempre envuelta en una atmósfera de amor por el Derecho y la Literatura. Heredero de un inmenso torrente cultural, por ambos lados fue descendiente de artistas y literatos. Del materno, como su abuelo José Pablo Rivas poeta y dramaturgo, su propia madre Gloria Rivas Panedas, poetisa, y sus dos tíos, Humberto y José, grandes poetas españoles de la corriente literaria del ultraísmo; del paterno como hijo de Raúl Carrancá y Trujillo, ilustre jurista y sobresaliente escritor, poeta y orador.

En 1948 comienza su historia como universitario, primero con su ingreso a la Escuela Nacional Preparatoria (ENP), en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, donde fue alumno de notables profesores como Julio Jiménez Rueda y Vicente Magdaleno en Literatura Mexicana y Universal, de Erasmo Castellanos Quinto en Literatura Universal, de José Romano Muñoz en Ética y de Salvador Azuela en Historia Universal. Institución en la cual, según sus propias palabras, abrió sus ojos al abanico del conocimiento y del sentimiento. Y, más tarde, en 1950, al incorporarse a la entonces Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) formó parte de la llamada “Generación del 50” o “Generación de medio siglo”, en la cual tuvo a su vez por mentores a eminentes juristas como Constancio Bernaldo de Quirós, Niceto Alcalá Zamora y Castillo, Andrés Serra Rojas, Eduardo García Máynez, Agustín García López, Manuel Gual Vidal, Manuel Pedroso, Luis Recaséns Fiches, José Castillo Larrañaga, Rafael de Pina y, nuevamente, Salvador Azuela, quedando así vinculado aún más con lo más granado de la intelectualidad jurídica, política y artística de nuestro país y de la emigración española, tradición bicultural que a partir de entonces quedaría particular e indeleblemente manifiesta en todo su hacer, perviviendo siempre la inspiración y la esencia universales de las más importantes y selectas escuelas jurídicas.

Sin embargo, el sello principal, la influencia determinante, la inspiración indiscutible que se plasman en la formación, vida y obra de Raúl Carrancá y Rivas devinieron de un hombre: Raúl Carrancá y Trujillo, su padre y maestro, como él mismo le ha llamado siempre y de quien aprendió lo que ello significaba, tal y como lo ha escrito en el artículo a él dedicado y como lo ha hecho al impartir cátedra: Un verdadero maestro es siempre un padre, sobre todo desde un punto de vista intelectual y espiritual; y un verdadero padre debe ser maestro de su hijo o de sus hijos. ¿Cómo? No importa que les dé clases o no, pues el ejemplo es tan importante -en otro espacio- como dictar clase. Por mi parte tuve el privilegio y la suerte de que mi padre fuera maestro mío en el más amplio sentido de la palabra; y digo amplio porque, además del ejemplo, tomé clase con él de Derecho Penal, Parte General, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, hacia 1952, en el antañón edificio de San Ildefonso.

El 20 de marzo de 1957 obtiene, con la tesis La participación delictuosa: doctrina y ley penal, elaborada bajo la dirección de Raúl Carrancá y Trujillo y fungiendo como sinodales Juan José González Bustamante, Celestino Porte Petit y Constancio Bernaldo de Quirós, el título de licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho (UNAM) y, el 17 de abril de 1974, con la tesis Cárcel y penas en México, esbozo de un derecho penitenciario, el grado de doctor en Derecho por esta misma institución, conferido con la distinción Magna Cum Laude que le otorgó el sínodo correspondiente, integrado, entre otros, por los doctores Antonio Martínez Báez, Alberto Trueba Urbina y Luis Fernández Doblado.

Su carrera como académico de la UNAM principió el 1º de febrero de 1951 cuando, al cursar el segundo año de la carrera de Derecho, empezó a impartir clases de Literatura Universal en el Plantel 2 de la ENP, más tarde de Lengua y Literatura Españolas y, a partir de 1957, de Actividades Estéticas en la modalidad de Oratoria. Dos años después, en 1959, fue designado profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM en la cátedra de Derecho Penal, primer curso, cuya titularidad definitiva adquirió, por concurso de méritos, a partir del 1º de febrero de 1965. Por su parte y previo concurso de oposición, desde el 31 de julio de 1981 quedó incorporado al personal docente de carrera de esta Facultad como profesor titular, definitivo, de medio tiempo y, desde el 1º de septiembre de 1987, como profesor titular “C” de tiempo completo, definitivo, impartiendo desde entonces y hasta la fecha cátedra de materias del área de Derecho Penal en la licenciatura, tales como Derecho Penal, primero y segundo cursos; Teoría de la Ley Penal, Teoría del Delito, Introducción al Estudio del Derecho Penal, Delitos en Particular y Delitos Especiales, entre otras, así como de Derecho Penal y Constitucional en el posgrado.

En 1981, por acuerdo del H. Consejo Técnico de la Facultad de Derecho (UNAM), fue designado director del Seminario de Derecho Penal, tarea académica que desempeñó hasta 1998. De igual forma, fue fundador y director del posgrado en Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Morelos y es miembro de número de distintas agrupaciones de juristas, entre las que destacan la Academia Mexicana de Ciencias Penales desde 1969, la Association Internacionale de Droit Penal a partir de 1977, la Asociación Nacional de Doctores en Derecho desde 1981, la Barra Mexicana de Abogados, así como el Claustro Académico de Doctores de la Facultad de Derecho (UNAM), del que es miembro fundador e integrante de su Comisión de Honor a partir de 2007.

Paralelamente a su actividad académica, Carrancá y Rivas ha ocupado cargos dentro de la procuración y administración de justicia federal. El 16 de julio de 1950 fue nombrado agente del Ministerio Público Federal ayudante del Procurador General de la República, en aquel entonces bajo la titularidad de Francisco González de la Vega, y posteriormente, de 1987 a 1990, se le designó magistrado del primer Tribunal Federal Electoral. Asimismo, ha desarrollado una impresionante e infatigable labor periodística enfocada principalmente al análisis jurídico-político además de literario.

Sus colaboraciones, a lo largo de 60 años, en las páginas editoriales de medios como El Sol de México, El Universal, El Heraldo del Día, El Día, Revista de Revistas, Conservatorianos, así como su participación como director de revistas especializadas entre las que destacan Revista Mexicana de Derecho Penal de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal y Criminalia de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, y de suplementos culturales dominicales como “El Gallo Ilustrado” y “El Libro y la Vida” en El Día, han sido el aporte invaluable y ejemplar de un jurista universitario que además de contribuir a la creación y difusión de la cultura, ha incidido de modo incomparable a formar opinión pública, como lo pueden atestiguar, especialmente, los miles de artículos que por más de tres décadas ha escrito en la página editorial del diario nacional El Sol de México. Textos, a través de los cuales, no sólo ha realizado un análisis siempre valiente y puntual de los temas jurídicos de mayor relevancia en su momento, sino que a través de ellos ha logrado provocar una sensibilización e impacto sociales de relevancia fundamental en el decurso de los asuntos políticos y jurídicos de los últimos tiempos. Producto esta obra del arduo, infatigable y permanente esfuerzo que ha materializado su autor, ha contribuido a que su voz crítica sea valorada y tomada en consideración, no sólo por la academia sino también por los órganos de gobierno responsables de la conducción del país, al ser su presencia jurídica expresión auténtica de un universitario comprometido con su país, con su tiempo y su sociedad.

A lo largo de su trayectoria, Carrancá y Rivas ha recibido innumerables testimonios de reconocimiento a su tarea académica y aportaciones a la ciencia jurídica, entre los que destacan el Reconocimiento Ciudad de México otorgado por el Departamento del Distrito Federal, por su trabajo en beneficio de la comunidad (1994-1997); Medalla de Oro al Mérito Académico por la Facultad de Derecho de la UNAM (1995); Medalla al Mérito Escuela Nacional de Jurisprudencia, instituida y conferida, en ocasión única con motivo del L Aniversario de la Facultad de Derecho, en reconocimiento a sus más de 30 años de labor docente; Condecoración Venera José María Morelos y Pavón “en su calidad de Morelense de Excelencia 2002, en el área Justicia y Derechos Humanos, por su contribución a la preservación y respeto de las garantías individuales”, otorgada por el Estado de Morelos; Presea Tlacaélel 2003 en la Categoría “Desarrollo Humanístico”, en virtud de haber trabajado gran parte de su vida como investigador, maestro, humanista, formador de educadores y profesores en niveles medios y superiores; Presea Claustro, Arte y Derecho en Libertad otorgada por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y por Artistas del Mundo A. C. en reconocimiento a sus excepcionales méritos personales y su contribución al mundo de las ciencias, las artes y las letras, en vías de mejorar las condiciones de vida de la humanidad; Profesor Honoris Causa por acuerdo del Consejo Técnico Universitario de la Universidad Autónoma de Tamaulipas con base en su trayectoria académica, aportaciones a la ciencia jurídica penal, valiosa obra jurídica de trascendencia relevante, influencia de sus ideas en la creación de la normatividad jurídico penal, así como por los años formando generaciones de reconocidos juristas, (2004); Cátedra Extraordinaria “Luis Garrido” por acuerdo del H. Consejo Técnico de la Facultad de Derecho de la UNAM como “reconocimiento a su alto desempeño académico, a su invaluable responsabilidad profesional y valiosa aportación a la ciencia jurídica”; Homenaje en conmemoración a sus 50 años de actividad académica en nuestra máxima casa de estudios, realizado por la UNAM, la Asociación del Colegio de Profesores y el Colegio de Profesores de Derecho Penal de la Facultad de Derecho y, finalmente, en noviembre de 2005, uno de los más importantes reconocimientos que otorga nuestra Alma Mater, el Premio Universidad Nacional en el rubro de Docencia en Ciencias Sociales.

Pasión fundamental en la vida de Carrancá y Rivas ha sido, consecuentemente, la de ser catedrático universitario desde hace casi seis décadas. Vocación en la que se ha caracterizado por ser un mentor siempre generoso y cordial con todos sus alumnos, cuyas conciencias agita al detonar y desarrollar en ellos un agudo sentido crítico del mundo jurídico, a la par que contribuye a fortalecer su amor por el Derecho y la Justicia. Apostolado que le ha permitido ser reconocido por su incomparable trayectoria académica en la formación de abogados humanistas, formados en una mística de compromiso con los más altos valores sociales. De lo anterior deviene que Carrancá ofrezca una visión jurídica inconfundible: considerar al Derecho como vía para aspirar a la Justicia, de modo que todo Magister Iuris deba tener una doble responsabilidad en sus términos, al transmitir y hacer brotar la pasión de vida en los alumnos, a efecto de que comprendan que poder acceder al Derecho es poder alcanzar la verdad justa, que sólo se revela a quien desde un inicio está dispuesto a sentir.

Autor de una obra escrita de increíble vastedad, tanto en materia jurídica como literaria, no sólo ha sido pionero del teatro penitenciario, Carrancá y Rivas ha realizado un aporte de especial importancia en la perpetuación y actualización de la obra ya clásica de su padre, con cuya coautoría ha logrado continuar colaborando en la formación de decenas de generaciones de abogados, tanto de la propia Facultad de Derecho de la UNAM como del país entero.

Sin embargo, su obra sobresale no sólo por las aportaciones que ha realizado en el ámbito jurídico a través de la palabra escrita sino también a través de la oral. Poseedor de múltiples talentos, Carrancá es reconocido a través de la oratoria, como uno de los más relevantes oradores mexicanos de las últimas seis décadas y, de manera por demás incomparable, como voz que ha encarnado permanentemente el sentir de los universitarios, tanto en los momentos más críticos por los que ha atravesado la historia reciente de nuestra Universidad, como en aquéllos que han cimbrado al país en los órdenes jurídico, social y político del último medio siglo. Al respecto, imposible sería dejar de evocar la determinante y fundamental intervención que tuvo, junto con el doctor Ignacio Burgoa, al encabezar la lucha por lograr la recuperación de las instalaciones universitarias durante el conflicto vivido entre 1998 y 2000. Lucha a brazo partido que verificó a través de sus artículos periodísticos, de declaraciones ante la prensa y, sobre todo, por medio de la denuncia formal interpuesta ante el Ministerio Público de la Federación ante los hechos acaecidos en el campus universitario.

Recientemente, de igual forma ha sido decisiva su participación, siempre desde su calidad crítica y objetiva como universitario, en distintos asuntos de la más importante relevancia jurídica para el destino de México, como lo han sido los debates por la Reforma Energética y la Reforma Constitucional en materia penal y de seguridad pública. Al respecto, él ha dicho: “El hombre posee una fuerza inalterable y eficaz. Es la fuerza de su propia vida”. Y qué mejor ejemplo de ello que aplicar en el aula, como lo ha venido haciendo desde el primer día en que fue maestro Carrancá y Rivas, el análisis profundo y sus experiencias prácticas en la realidad misma como en una suerte de laboratorio palpitante, de lo que los propios alumnos han constatado ser parte de la retroalimentación de dicho fenómeno, en calidad de testigos de primera mano, tanto de los acontecimientos como de la argumentación jurídica que permanentemente ha desarrollado. Un actuar ejemplarmente comprometido cuyo impacto ha trascendido los muros universitarios para irradiarse al resto de la sociedad. A tal grado que hoy en día se ha constituido en referente jurídico indiscutible para la formación de la opinión social en nuestro país: voz jurídica, voz universitaria, cuyo compromiso social ha contribuido a elevar el prestigio de lo que implica la esencia y el espíritu de ser universitario.



Referencia

Publicación: Día del Maestro 2017. Profesores e Investigadores Eméritos nombrados por el Honorable Consejo Universitario. Universidad Nacional Autónoma de México 2017. p.p. 27-33.

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