Programa de Estímulos y Reconocimiento al Personal Académico Emérito
Programa de Estímulos y Reconocimiento al Personal Académico Emérito

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Dr. Mario Humberto Ruz Sosa

Investigaciones Filológicas

Después de titularse con el más alto promedio en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Mario Humberto Ruz Sosa decidió combinar la clínica y el bisturí con la observación de los hombres como sujetos sociales, elección provocada por un añejo interés en el conocimiento de los pueblos indígenas, como muestra el que iniciara estudios en la Escuela Nacional de Antropología mientras cursaba la carrera de Medicina. Al terminar ésta (1977), se inscribió en el posgrado en Antropología Social de la Universidad Iberoamericana y, ese mismo año, ingresó como becario al Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas, donde, en 1978, obtendría su nombramiento como investigador. Tras concluir su tesis de maestría bajo la dirección de Ángel Palerm, completó sus estudios con un diplomado en ciencias sociales y con el doctorado en Etnología en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, donde se graduó con mención très honorable en 1985, bajo la dirección de Jacques Soustelle.

Sus primeros acercamientos a la investigación antropológica estuvieron dirigidos a las etnias mayas de Chiapas, en particular los tojolabales —con quienes convivió desde su servicio social como médico— y, desde entonces, tomó conciencia de lo necesaria que resultaba la perspectiva histórica para lograr la comprensión del devenir de estos pueblos hasta el presente. Así, al mismo tiempo que se ha aplicado al trabajo de campo en México y Guatemala, en busca de ahondar en el conocimiento de sus lenguas, organización social y tradiciones, ha incursionado en la investigación documental en numerosos archivos nacionales y extranjeros (Guatemala, España, Italia, Francia, Ciudad del Vaticano y Estados Unidos) con resultados no sólo cuantiosos, sino significativos en la definición de un corpus, tanto histórico como lingüístico, sobre los mayas coloniales.

Fruto de esa intensa labor es la publicación de 75 títulos: 18 libros como autor único; seis como uno de dos coautores; 33 como coautor y editor; seis como editor, y 12 fuentes de historia y lingüística del periodo virreinal, en más de una decena de lenguas mesoamericanas que el doctor Ruz paleografió, anotó y ofreció en ediciones críticas. Se suman a ello, más de un centenar de capítulos de libro publicados en el país y el extranjero y más de 50 artículos en sus áreas de especialización (historia de los pueblos mayas coloniales y etnología de los actuales) en revistas arbitradas nacionales e internacionales, así como 38 artículos de divulgación; además de numerosos prólogos, presentaciones, reseñas críticas y colaboraciones en traducciones de libros, artículos y capítulos de libros, del inglés, francés e italiano al español.

Entre sus publicaciones de corte histórico, cabe mencionar: los tres volúmenes acerca de las lenguas habladas en Chiapas durante la Colonia (lenguas mayenses, zoque y chiapaneca), y el primero dedicado a las lenguas mayas en Guatemala, relativo al k’ekchí; las constituciones diocesanas del obispado de Chiapa de Francisco Núñez de la Vega; La Iglesia en el área maya, una guía comentada acerca de los documentos en latín, italiano, español, francés y otras lenguas que custodian los archivos romanos sobre el tema, y otros sobre el copioso legado en lengua tzeltal de fray Domingo de Ara. La obra de este singular fraile dominico, de enorme valía puesto que ilustra con gran detalle la vida cotidiana de los tzeltales a escasos años de haberse iniciado la colonización española en el área, le sugirió la posibilidad de utilizar fuentes como los vocabularios, los manuales de doctrina y los sermonarios para aproximarse a la realidad indígena que encontraron los españoles, allí donde no contamos con crónicas o textos indígenas. El análisis filológico que realizó de los vocabularios de fray Domingo para reconstruir la vida cotidiana en Copanaguastla, uno de los tres pueblos más importantes de Chiapas en el siglo XVI, es considerado como su aporte metodológico de la mayor trascendencia, que han seguido varios autores para otros grupos en situación similar, en lo que respecta a escasa información histórica.

Coordinó un ambicioso proyecto cofinanciado por la UNAM y del ahora Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT) para ofrecer una edición crítica de las visitas pastorales de los prelados de Guatemala (1557-1917) que se contendrán en una veintena de gruesos volúmenes, con información de primera mano sobre demografía, lingüística, historia, religiosidad y vida cotidiana de los pueblos guatemaltecos y salvadoreños. Y a ello se agrega la edición de fuentes coloniales sobre Tabasco y la lingüística histórica de idiomas mayas de México y Guatemala, así como la correspondencia de obispos y arzobispos de Chiapas y, más tarde, de Yucatán, al dar a la luz la del prelado e historiador Crescencio Carrillo y Ancona, que abarca ya dos tomos.

Respecto a sus aportes en el campo de la etnología, entre sus estudios sobre grupos mayenses contemporáneos de México y Guatemala, destacan los dedicados a los tojolabales de Chiapas. Si, para los inicios de la década de los ochentas, podían considerarse como una de las etnias menos conocidas de México, a partir de sus trabajos individuales o conjuntos (con un grupo de antropólogos, físicos, lingüistas, historiadores y arqueólogos que han dado como fruto ocho libros que él coordinó, además de varios artículos y capítulos de libro), se han sentado las bases para otorgar a su estudio el sitio que le corresponde en la construcción de la realidad nacional. Varios de los textos, concernientes a la tradición oral y la historia, han sido publicados de forma bilingüe, tojolab’al-español, para hacerlos más accesibles a los propios creadores de esa historia.

En 1994, a raíz del levantamiento zapatista y con el fin de explicar el hecho con una perspectiva diacrónica, convocó, junto con Juan Pedro Viqueira, a un grupo de especialistas en historia pasada y reciente de Chiapas, y editaron el libro Chiapas: los rumbos de otra historia, considerado ya un texto clásico sobre los antecedentes del movimiento y, en palabras del prestigiado historiador estadounidense John Womack, “un libro que honra a sus autores, a sus disciplinas académicas, a las personas sobre las que se escribe y a su país; un libro que debería hacer que los historiadores de cualquier parte se sientan orgullosos de su oficio” (Rebellion in Chiapas. An Historical Reader, 1999, p. 78).

La contribución del doctor Ruz al conocimiento histórico y actual de las etnias indígenas no se agota con sus trabajos sobre Chiapas. También Tabasco, Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Guatemala, Costa Rica, Honduras y Nicaragua han merecido su atención. Destacan obras tales como: Un rostro encubierto: Los indios de Tabasco (1994); Tabasco histórico: Memoria vegetal (2001); Los mayas (2005); El Campeche maya (2007); Paisajes de río, ríos de Paisaje. Navegaciones por el Usumacinta y Del mar y la tierra firme. Miradas viajeras sobre los horizontes peninsulares (2011); Tabasco serrano: miradas plurales. Geografía, Arqueología, Historia, Lingüística y Turismo (2014); Ideas, ideólogos e idearios en la construcción de la imagen peninsular (2015); Kakaw, oro aromado. De las cortes mayas a las europeas (2016), y Naturalezas peninsulares, visiones imperiales. Yucatán: “El niño mimado del Imperio”, 1865 (2018).

Entre sus últimos libros se cuentan: Mohonyhovi Santissima Trinidad… Chiapa y su Cofradía de la Vera Cruz al mediar el siglo XVII (2019); Las lenguas del Guatemala colonial. Lengua k’ekchí (2020, en colaboración con Claudia M. Báez); Herederos de Cabracán y Zipacná. Caza y pesca entre los mayas coloniales (2021); la coedición de Compases y texturas del tiempo entre los mayas: lo dicho, lo escrito y lo vivido (2020); Paisajes sensoriales: un patrimonio cultural de los sentidos. México-Uruguay (2020), y El arzobispado de Guatemala. Documentos sobre su creación (2021).

Se distingue también la ambiciosa serie “Historia de los pueblos indígenas de México”, que codirigió con Teresa Rojas (24 tomos), la cual obtuvo el Reconocimiento al Mérito Editorial Arnaldo Orfila Reynal en 1995. Además, desde 2019, con el auspicio de la Secretaría General de la UNAM, inició la cocoordinación de la serie “Biblioteca indomexicana”, con cinco tomos editados y cuatro más en prensa. Mención particular, por su naturaleza didáctica, merecen los dos tomos de Yucatán: un universo peninsular, apoyo para los docentes de historia en la Península a nivel de secundaria, editados en 2009 por la Secretaría de Educación Pública, la UNAM y diversas entidades regionales.

La conjunción de las perspectivas etnológica e histórica, aunadas a su interés en los aspectos de la vida cotidiana, han marcado sus últimos trabajos, en los cuales intenta acercarse a temas tan diversos como pueden ser la evolución del atavío indígena, las imágenes corporales y la sexualidad entre los mayas, o la manera en que los santos católicos fueron incorporados al panteón maya contemporáneo. Simultáneamente, ha procurado alcanzar una mayor profundidad histórica y extensión geográfica, buscando visualizar a los pueblos mayas en su conjunto y no como entidades étnicas aisladas. Ello, a la vez que permite dar cuenta de los procesos de cambio y permanencia, así como comparar un determinado fenómeno en distintas áreas, posibilita la comprensión de los procesos identitarios desde un punto de vista procesual y no meramente esencialista, como ha sido común abordarlos en el estudio del mundo maya.

Aunque el germen de estas inquietudes puede constatarse desde algunos textos que abordan aspectos materiales como la pesca y la caza, u otros como las expresiones musicales o las actitudes de resistencia cotidiana, sin duda, cristalizan en una investigación colectiva con sus alumnos acerca de las creencias y actitudes ante la muerte entre los mayas, desde la época colonial hasta la actualidad, y donde se incluyen desde los teenek o huaxtecos, hasta los grupos mayas ubicados en la frontera de Guatemala con El Salvador, a más de los mayas asentados en la Península de Yucatán, Tabasco, Chiapas y Belice. Demografía poblacional, salud pública, procesos legislativos, referentes especiales en algunos sistemas de parentesco, manifestaciones artísticas y otros varios rubros se enlazan de manera armoniosa, observable ya desde los primeros resultados de un proyecto que conjuga las disciplinas antropológicas e históricas y concilia métodos y técnicas particulares, a fin de proporcionar un análisis holístico de un fenómeno sociocultural.

Muestra de sus aportes en el campo de la medicina, la antropología médica y la historia de la medicina, son los estudios relativos a las concepciones mayas sobre la corporeidad y la persona (“El cuerpo: miradas etnológicas”), un original estudio acerca de la sexualidad masculina y la fertilidad, que, tras ser impreso y reimpreso en español por El Colegio de México, atrajo el interés de Oxford University Press (“The Seeds of Man: Ethnological Notes on Male Sexuality and Fecundity among the Maya”, 2000) y se editó también en italiano. Se suman a ello textos históricos sobre epidemias, introducción de vacunas, y creación y devenir de hospitales en Chiapas y Guatemala.

Su experiencia como médico en el área y su cercanía con los idiomas mayas le facilitaron reflexionar acerca de diversas facetas de antropología médica, tanto en la concepción local sobre las percepciones sensoriales, como en el binomio salud/enfermedad y los denominados síndromes de filiación cultural, las modalidades de diagnóstico y terapia empleadas por los especialistas médicos comunes en el área maya, e hizo particular hincapié en la relación que establecen los tojolabales de Chiapas entre la medicina local y la occidental, en textos que han sido publicados en más de cinco ocasiones por distintas editoriales, nacionales y extranjeras. Otro tanto vale para sus reflexiones comparativas acerca de los especialistas en medicina en diversas regiones del mundo maya, publicadas en español en Madrid y en italiano en Perugia (2008).

Ha recibido diversos reconocimientos, como el premio Francisco Javier Clavijero a la mejor investigación (Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1989) y el Premio Nacional en Investigación en Ciencias Sociales por la hoy Academia Mexicana de Ciencias (1992). En 2009, le fue otorgado el premio Chiapas en Ciencias (2009), máximo galardón académico que ofrece ese estado y, en 2018, la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas le concedió el doctorado honoris causa. En 2002, fue galardonado con el Premio Universidad Nacional en Investigación en humanidades. En 2015, fue electo miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia, ocupando el sillón número 9, y en 2022 el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) lo distinguió con el nombramiento de Investigador Nacional Emérito.

A la par de las labores de investigación, ha cultivado la formación de recursos humanos, impartiendo cursos en distintas instituciones de educación superior en el país y el extranjero, entre ellas: The State University of New York; las Universidades de París X —donde el Centre national de la recherche scientifique le concedió el puesto más alto entre aquellos que otorga a sus profesores visitantes— y París VIII; la Academia de Ciencias de Rusia y la Complutense de Madrid, donde formó parte del Consejo Académico de la Maestría en Estudios Amerindios; la Universidad de California en Berkeley; la Nacional de San Carlos de Guatemala; la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Ecuador); el Institut National des Langues et Civilisations Orientales en París; la UNAM; las universidades autónomas de Yucatán, Baja California y Zacatecas; el Instituto Politécnico Nacional; la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y la Universidad Autónoma Metropolitana, que le distinguió con la Cátedra Ángel Palerm durante dos periodos (2000-2002).

Ha dirigido cerca de 40 tesis de doctorado, maestría y licenciatura, tanto en antropología como en historia. Fundó y dirigió (1985-1986) el Centro (hoy instituto) de Estudios Indígenas de la Universidad Autónoma de Chiapas; fue coordinador de investigación y docencia del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (1990-1992), de cuya junta directiva formó parte entre 1996 y 2000, y cuya Unidad Peninsular en Mérida diseñó y puso en marcha. De 2002 a 2005, coordinó el Centro de Estudios Mayas de la UNAM y, a partir de junio de 2005, la unidad académica de Ciencias Sociales y Humanidades que él mismo diseñó y la UNAM fundó en Mérida, cuya transformación en Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales alentó, pasando a ser su primer director en 2007. Fue reelecto para un segundo periodo en septiembre de 2011. Entre 2013 y 2014, creó el Centro Estatal de Capacitación, Investigación y Difusión Humanística de Yucatán por encargo de la Secretaría de Educación de ese Estado. Además, de febrero de 2016 a febrero de 2020, se desempeñó como director del Instituto de Investigaciones Filológicas.

Ha sido miembro del Comité dictaminador del SNI en el área de Humanidades y Ciencias de la Conducta y de su Comisión Revisora de Apelaciones, del Consejo Asesor del Archivo General de la Nación, del Consejo de Difusión Cultural de la UNAM y del Comité Evaluador Externo de El Colegio de Michoacán. Asimismo, han requerido su asesoría: la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura; el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo; el CONAHCYT, las Secretarías de Relaciones Exteriores y del Medio Ambiente y Recursos Naturales; el Instituto Nacional Indigenista y el Banco Mundial. Continuamente, se le invita a impartir conferencias en foros nacionales y extranjeros, en países como: Argentina, Costa Rica, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Italia, Japón, Rusia, Uruguay y Sudáfrica, entre otros. Asimismo, su obra ha sido traducida a distintos idiomas, como: francés, inglés, ruso e italiano, amén de sus contribuciones en tojolab’al, idioma mayense.

Gracias a una novedosa forma de interrogar a los materiales consignados en lengua mesoamericana (y no primordialmente sobre su traducción al castellano), como si de informantes de un etnógrafo se tratase, organizándolos por campos semánticos en tseltal, pudo proponer una metodología que le facilitó plantear una suerte de “etnología histórica” para reconstruir los paisajes naturales y culturales, los aspectos geográficos que percibieron los hispanos en contraste con la cosmovisión que mantenían los tseltales, y su conocimiento, usos (y abusos) del medio, tanto en formas de asentamientos y tipos de residencias parentales, como en sus viviendas, actividades tendientes a la autosubsistencia y aquellas otras destinadas al comercio; la guerra, la religiosidad, pasando por la percepción del cuerpo propio y el ajeno, la sexualidad, los conceptos sobre infancia, juventud, adultez y ancianidad; los estados civiles y los estamentos comunitarios y regionales, las formas de organización social, la autopercepción y la percepción de la alteridad.

Jan de Vos, el estudioso más reconocido del pasado de Chiapas, consideró este texto de Ruz como “una muy original manera de adentrarse en el mundo maya chiapaneco, posiblemente tal como haya sido en el momento de su conquista por los españoles. No conozco introducción mejor, ni tampoco más exigente” (Vivir en frontera, 1994, p. 54); mientras que, Carlos Zolla y Arturo Argueta, en la introducción a la colección “La medicina tradicional de los pueblos indígenas de México”, expresan su convicción de que Cuerpo humano e ideología, de Alfredo López Austin, y Copanaguastla en un espejo, de Ruz, son dos ejemplos relevantes de cómo concentrarse en un tema y explorarlo con profundidad, en la mejor tradición de fray Bernardino de Sahagún (1994, I: 10).

Dado lo fructífera que se reveló esta novedosa metodología, ha sido y continúa siendo empleada por colegas y alumnos, en particular en casos en los que no se cuenta con crónicas u otros textos detallados. De hecho, el mismo doctor Ruz ha vuelto a emplearla para dar cuenta de diversos aspectos de los pueblos mayas, como la indumentaria, la vivienda, las actividades de caza y pesca, la música y las danzas, entre otros, pero yendo ahora más allá de la etnología histórica de un solo pueblo, y ofreciendo valiosos mosaicos comparativos de estas actividades en diversos grupos y lenguas mayas.

Otro hito en la generación, consolidación y transmisión del conocimiento y de la cultura en el caso chiapaneco, fue la magna obra que el doctor Ruz coordinó con el doctor Juan Pedro Viqueira en 1994, en ocasión de la rebelión neozapatista, Chiapas: los rumbos de otra historia; una obra que buscó ofrecer a los no especialistas un análisis histórico y antropológico de las causas del levantamiento, que fuese más allá de explicaciones meramente coyunturales y con marcados sesgos políticos, como las que se estilaban.

En el campo de la etnología y la antropología social, cabe recordar que la obra Los legítimos hombres. Aproximación antropológica al grupo tojolabal, no solamente marcó el inicio de los estudios antropológicos sobre ese grupo, que para entonces era prácticamente desconocido, sino que hasta el día de hoy es referente obligado, como el gran clásico de la etnografía de este pueblo de la familia maya, que el doctor Ruz dio a conocer con detalle. Pese a tratarse de una obra pionera, no se contentó con abordar los aspectos monográficos tradicionales, sino que incursionó, por ejemplo, en el análisis de la organización parental, y reflexionó acerca del cambio de la tecnonimia original de parentesco (modelo crow-omaha) que con el paso del tiempo se fue entretejiendo con el sistema bilateral aportado por los hispanos, así como de las distintas concepciones culturales que mantienen los tojolabales acerca de la sensualidad y la fertilidad, o los cinco patrones de matrimonio que estilan, y cuya preferencia demostró que varía en casos de migración.

Emprendió el estudio de los pueblos tojolabales en la época colonial y el siglo XIX, a través de una minuciosa búsqueda de documentación manuscrita e inédita que ubicó en archivos nacionales y extranjeros, paleografió y analizó. Además de aproximarse a la lingüística histórica del tojolab’al, incursionó, junto con integrantes de la misma etnia, en la edición de un libro colectivo, acerca de la cosmovisión y mitología en el propio idioma, que contribuyó a traducir. En compañía de Antonio Hernández, recopiló testimonios de ancianos en su lengua materna, acerca de cómo transcurrió su vida cotidiana en las antiguas haciendas, en el periodo conocido como “el baldiaje”, integrando un libro bilingüe tojolab’al-castellano. No se ciñó a rescatar la tradición oral; conjugándola con la tradición escrita, contrastó tales testimonios con el análisis de documentación histórica de las haciendas del área de Comitán en el libro Savia india, floración ladina…, texto que le valió la mención honorífica en el primer concurso de historia regional del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, entidad que lo publicó.

El conocimiento acumulado a través de trabajos continuos en Guatemala y México le ha posibilitado realizar estudios comparativos de toda el área maya, en diversos aspectos de la vida cotidiana y de la estilada en periodos extraordinarios, así como en el análisis de la construcción y deconstrucción de la memoria, entre otros muchos temas, lo que ha motivado que sea considerado uno de los especialistas con una visión holística más amplia del mundo maya, y de particular comprensión pluridisciplinaria.

Por su incansable trabajo académico y sus extraordinarias aportaciones, el doctor Mario Humberto Ruz Sosa es nombrado Investigador Emérito.